Cuando ella estaba


Cuando ella estaba siempre había un sitio donde volver, ella era un refugio en la pequeñez de de figura.

Siempre fue la primera en enterarse de todo por que ella era digna de confianza para todos o cuando le contaba algo, ella ya lo sabia, era una genia, para todo solución y si ella no la tenía, “Dios se encarga de todo”, “a Dios rogando y con el mazo dando”, muestras de fe como las de ella, hacían que no flaquearas y si no había solución “No hay mal que por bien no venga” y siempre tenía razón.

La mesa de mi abuela siempre tenía un plato de más, su casa un cuarto de más, una cama de más, sus brazos, muchísimo amor de más, su corazón era enorme, muchas veces pensé o que tenía dos o no entendía como le cabía en el cuerpo.

Quien la conoció la quiso, ella era buena de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro, no usaba malas palabras, hablaba lento y claro, no alzaba la voz, pero sus dichos se te repiten aun en los oídos.

Cuando estaba, las penas me duraban menos, el miedo me duraba menos, la angustia me duraba menos, es que la Elsa era toda fuerza, entereza, dignidad, quien creyera le ponía un pie encima, tarde o temprano se daba cuenta que ella, no daba puntada sin hilo.

Cuando ella estaba....

Pero aun está, hoy fui conciente de ello, enjugó mis lágrimas, enderezó mi espalda y me hizo mirar al frente, se instaló dentro de mí y pude verla luchar mi batalla, no sé si gané o perdí, pero salí airosa, digna, como ella lo hubiera echo... ahora, a esperar.