20 marzo 2008

Cumpleaños de una ausente...

Tu flor favorita habrías recibido hoy, la dejo aquí en testimonio de mi amor.



Otro año de sapiencia
me habrías regalado
y sólo hoy encuentro ausencias.

Cada instante de este día
en el que alguna vez te hiciste a la vida
fue mi pensamiento para ti
para tu sabiduría eterna
esa que no llena
mi absoluta carencia.

Festejo en la soledad
tu amor y tu experiencia
abrazada en tu calor
ese que grabaste
en mis lejana inocencia.

No importa cuando partiste
pues vas conmigo donde sea
no estás
y estas presente
en cada momento vano
cada momento importante
de mi existencia.

Este amor que es tuyo
que nació conmigo
y creció a tu lado
palpita en el reflejo
del recuerdo eterno
de ti mujer grandiosa
a la que tanto he amado.




07 diciembre 2007

A mi güeli...

Si pasaron dos días
o mil años,
si paso el viento
o la eternidad
no note la huida
no estabas presente
sólo quedo la herida
de tu ausencia
sin una larga despedida.

Si salió el sol
persiguiendo a la luna
o las estrellas
se convirtieron en faroles
si la primavera
se vistió de geranios o girasoles
no noté la permuta
mis ojos estaban clavados
en la única fotografía
que tu largo viaje
no llegó a dañar.

Recordé los instantes
y me escondí tras las risas
recordé las historias
y volví a soñar
retomé las caricias
que calmaban mi llanto
me quedé dormida
escuchándote respirar

¿Hace cuanto partiste
gaviota de mi vida?
¡Hace tanto tiempo
y no ha parado de nevar!
donde sea que huyeras
sigues pegada a mi retina
que se quedó fija en el ocaso
de tu ultimo volar

Si pasó el tiempo
no le vi marcharse
si pasaron las estaciones
no las vi cambiar
si volaron los peces
o las serpiente bailaron
si el infierno se congela
o se evapora el mar
no importa lo que pase
en esta tarde fría
cuando mi alma añora
tu abrazo y tu amar.

19 junio 2007

A dos años...

(20/03/1920-18/06/2005)



Ya son dos años de tu largo viaje…

Ya son dos años de vuelo en solitario…

Ya son dos años de un adiós a un sin retorno…


No hay flores que valgan tu presencia
ni aves que tus abrazos trajeran
o coronas que completen tu reinado
ni libros que aprecien tu sapiencia
no hay jardín que alegre mis mañanas
como tu sonrisa, tus dulces ojos
tu dulce canto cuando me arropabas a tu lado

Te amé, te amé, te amé,
te amé tanto, como hasta ahora
como me enseñaste a amar mi propio destino
amar a Dios, la vida y sus caminos
desde que el sol despuntaba en auroras.

Te extraño
me haces falta
mucha falta!!!
tu ausencia es un abismo en el pecho
mientras camino a ver lo que de ti queda bajo tierra
te rodea el verde prado
te ilumina un mar de sol, de sal eterna
deposito tu flor predilecta
en lo que es ahora
tu última morada
tu eterno lecho.







NUNCA encuentro las palabras apropiadas..............


21 enero 2007

Se detuvo el tiempo...

De pronto el tiempo se detuvo
el aire dejo de transitar
la luna se vistió
de violetas organzas…
de pronto pasó una alondra
en un mundo
donde las alondras no pueden habitar
y se tejieron sueños extraños
de ausencias
de tristezas
de hondas horas…

Y su presencia se esfumó
no había aurora que la detuviera
persistía su aroma
de dulce hierba
de amable caldo…

De pronto
la caricia anhelada toco mi rostro
enjugó las lágrimas
de un llanto antiguo
sanó heridas cicatrizadas
autorizó juegos prohibidos
regresó la sonrisa
a una cara atormentada…

De pronto
el tiempo se detuvo
se sostuvo en la nada y en el todo
ya no estaba
pero estaba presente
en todo lo que se me acercara
la luz titilante
del recuerdo de su sonrisa
en la arena
en las sabanas de una cama deshecha
en los cabellos dóciles
la sombra que me persigue
en el brillo verdadero de unos ojos amados
en la brisa…

Y el tiempo se detuvo
se quedó ahí
entre las cuatro paredes
que la habitaron
tibio cubil
de mis sueños de antaño.

12 septiembre 2006

De pronto....

De pronto
estas en todo
y al no estar en nada
me atraganta la tristeza

Me viene a los oídos
la voz dulce de tu consejo
y el abrazo siempre dispuesto
me cubre la piel como abrigo

De pronto
escucho tu silencio
y me acuno en tu regazo
como en antaño,
es tu falda la cuna de mis llanto
y tu mano
el peine a mi soledad.

De pronto
estas en todo
y me lleno de nostálgicos recuerdos
de risas añejas
de historias vividas
y aun ausente
te llevo presente en mi cartera
atadas tus devociones
en cuentas y cruces
en las cicatrices
de viejas heridas

De pronto
estas en todo
y no dejas de estarlo
por que eres parte de mi
de mi memoria
de mi piel.
de lo que soy
y lo que he de ser.

Y en tu ausencia
te me apareces
como presagio
y tu sonrisa
calma mis dudas…..

18 junio 2006

A un año de tu partida...

Hoy exactamente, se cumple un año de la partida de mi Güeli.....


Ave guía
¿Dónde estas ave guía?,
¿dónde estás....?
me dejaste las alas desplumadas,
no puedo alzar el vuelo....
¿Cómo llego a mi destino
si no está la guía que quiero?
me hace falta tu consejo generoso
el ejemplo glorioso
de tus plumas plateadas...
¿dónde estás ave guía?,
¿dónde estás....?
te arrancaron del nido,
y ¿quién fue?
será el viento,
el tiempo
o el destino
que mas da,
tu no estás.
Nadie enjugo mi llanto,
nadie me vio llorar,
me quedé estancada en la orilla
llenando de agua el mar.
Me hace falta tu abrazo de sabiduría,
para poder volar,
estas plumas nuevas
no quieren aflorar....
Me arrancaron la sonrisa,
la esperanza,
y para devolvérmelas
tu ya no estas,
¡¡¡¡me haces falta ave guía,
para poder volar!!!!...
Me enseñaste
a conocer el cielo,
las estrellas,
las corrientes
y a pescar,
pero no me enseñaste
como muevo mis alas
ahora que tu no estás.
Desde lo alto de tu eterno vuelo
ven a consolar
el corazón pequeño
de esta aprendiz de gaviota,
de alas truncas
que no deja de llorar...
ven
y dame una última lección...
para poder despegar.
Miedos nocturnos

Tuve miedo
y me acuné en la nostalgia
me perdí en tu recuerdo
y me sumergí en el llanto.

Me abrazó el desconsuelo
de éstos meses de ausencia,
me arrulló tu aroma
y el calor de tus palabras

Quisiera...
que la noche fuera eterna
para que otra vez no me abandonaras.

Quisiera...
para volver a contemplarte
que ésa noche regresara
¡Ay! como duele no tenerte
¡Ay! como me pesa tu nombre en el alma
¡Ay! cuanto llanto brota de mis ojos
mi corazón se escarcha.

Se desangra mi corazón
cuando en mis temores
tu abrazo no me resguarda....
Mi niña grita,
el terror la atrapa,
los malos sueñosla falta de esperanza,
se ahoga en las angustias
y no estás para consolarla.

Tuve miedo ésta noche
y como muchas tantasde mi lejana infancia
corrí a tu encuentro
ahí me esperabascon los brazos abiertos
y un espacio tibio
a tu lado
en tu cama.

03 junio 2006

De los refranes de mi abuelita:"Dime de que presumes y te diré de que careces"


Este refrán popular lo copio mi abuelita de las películas de Cantinflas, no lo entendí, en su mejor contexto hasta ya grande (cita, agregaran algunos).

Primera muestra de esto, en mi adolescencia, presumían mis congéneres del largos de sus órganos reproductores masculinos, como era colegio en su mayoría de varones (de 450 alumnos sólo 11 éramos mujeres) era imposible abstraerse de estos peculiares coloquios.

Tenía un compañero (omitiré su nombre, pero si lo lee, sabrá que es él) hablaba de cuantas vueltas podría darle a su cintura, recuerdo que decía que eran dos y después le hacia un nudo, digamos, para que no le quedara suelta y molestara.

Teníamos una clase obligatoria, buceo, un día sacándose el traje bajó sus pantalones con todo y traje de baño... perdónenme los caballeros, pero, aprendí de buenas a primera lo que decía mi abuelita... ese refrán y otros más se me vinieron a la cabeza, eso incluye lo de la talla de zapatos, este espécimen calzaba 43 y también presumía de eso.

Nunca tuve mucho tacto y menos cuando me burlaba de alguien que no me caía bien (cómo él, era cruel, era adolescente, ya no lo hago), aprendí tres cosas ese día (que en el fondo es una) al hacerle una simple pregunta:

¿dónde está tu “doble vuelta y nudo”?

Primera respuesta: “hace frió, en el agua helada se encoge y arruga”
Primera cosa aprendida: cuando te responden eso... es pequeña ya de siempre...

Segunda respuesta: (después de la risa de mis compañeros) “no importa el tamaño, si no cómo se use”
Segunda cosa aprendida: cuando te responden eso... seguro es pequeña...

Tercera cosa aprendida: Mientras más presumen, más pequeña.

No quiero generalizar, con el tiempo obtuve muchas mas pruebas de esto...

Y ustedes ¿de qué presumen?

23 mayo 2006

Cuando ella estaba


Cuando ella estaba siempre había un sitio donde volver, ella era un refugio en la pequeñez de de figura.

Siempre fue la primera en enterarse de todo por que ella era digna de confianza para todos o cuando le contaba algo, ella ya lo sabia, era una genia, para todo solución y si ella no la tenía, “Dios se encarga de todo”, “a Dios rogando y con el mazo dando”, muestras de fe como las de ella, hacían que no flaquearas y si no había solución “No hay mal que por bien no venga” y siempre tenía razón.

La mesa de mi abuela siempre tenía un plato de más, su casa un cuarto de más, una cama de más, sus brazos, muchísimo amor de más, su corazón era enorme, muchas veces pensé o que tenía dos o no entendía como le cabía en el cuerpo.

Quien la conoció la quiso, ella era buena de adentro hacia afuera y de afuera hacia dentro, no usaba malas palabras, hablaba lento y claro, no alzaba la voz, pero sus dichos se te repiten aun en los oídos.

Cuando estaba, las penas me duraban menos, el miedo me duraba menos, la angustia me duraba menos, es que la Elsa era toda fuerza, entereza, dignidad, quien creyera le ponía un pie encima, tarde o temprano se daba cuenta que ella, no daba puntada sin hilo.

Cuando ella estaba....

Pero aun está, hoy fui conciente de ello, enjugó mis lágrimas, enderezó mi espalda y me hizo mirar al frente, se instaló dentro de mí y pude verla luchar mi batalla, no sé si gané o perdí, pero salí airosa, digna, como ella lo hubiera echo... ahora, a esperar.

20 mayo 2006

A ti, en el día de tu muerte.

A ti, que soportaste mis caprichos.

A ti, que me enseñaste que todo tiene cura con un agüita, demostrándolo con ejemplos de sabiduría, mas nunca te vi beber tan solo una.

A ti, que guardabas celosamente mis secretos, arropaste mis sueños por las noches.

A ti, que me enseñaste a no hacerme en la cama, que nunca me contó un cuento, pero me lleno de historia.

A ti, que diste lo mejor, incluso con quien no lo merecía, arriesgaste tu cordura y mas de alguna otra cosa.

A ti, que cubriste mis maldades, desafiaste autoridades, desautorizaste a mi madre.

A ti , que entendiste que mi gusto por la lectura y por tratar de escribir, era necesidad y no necedad.

A ti, que fuiste la única que hizo pequeño a mi padre, que nos abrazaste a todos como a tus hijos.

A ti, que apenas te has marchado y ya te extraño,

A ti, a la que nadie llenara tu espacio, que estremeció mi pecho mas duro que un terremoto.

A ti, a la única razón que evitaba mi partida, que te transformarte en un bebito para mi, pero nunca olvidaste mi nombre.

A ti, sólo a ti, que abandone en un segundo mi manía y ahora te has transformado al único ser que he llorado en su despedida.

A ti, señora toda a la antigua, que oraste piadosamente hasta ayer, tu ultimo día.

A ti, a la mujer que he amado tanto o mas que a mi madre.....

A ti, a la que nunca dio un problema.... hoy no puedo escribirte un poema.


Perdoname abuela.




Elsa Martinez Valdes
20/05/1920 - 18/06/2005

17 mayo 2006

LA cama de la abuela (cuentículo)

Mas de 50 años en la misma habitación, en el mismo lugar, preparada siempre de la misma forma, la compartió en el amor sólo con él , soñó, padeció, procreo, dio a luz... por todo ese tiempo, acogió a hijos y nietos y bisnietos en las noches de miedo, en ella paso los últimos ocho años de su vida.

Hoy la vemos, en ella durmió todos esos años y en ella se durmió su amado y ella para siempre, nadie quiere usarla, esta llena de lo que ella era. No se desarma, para no despertarla.




(Por que anoche fué una noche de miedo y me arruyó tu aroma que aun persiste)

23 abril 2006

De los refranes de la Güeli "No todo lo que brilla es oro"


De los primeros refranes que aprendí, era “No todo lo que brilla es oro”, si bien tuve que comprobar por mi misma la veracidad de éste, me costó mucho menos tiempo que otros.

Ejemplos, claros hay muchos, creo que cualquier mortal pensante encontrará en su archivo cerebral un ejemplo, yo hoy les daré uno, pobre de ella, tengo que admitir que es parte de mi familia, lejana, pero familia al fin.

Es ella una mujer hermosa, con una figura que cualquier quinceañera la quisiera, un cabello que brilla al sol tal cual lo hace el cabello de una mujer de aviso comercial en televisión, salir con ella es una gracia, por dos razones, una, que si no te duermes esperando que se aliste para salir es un milagro y la segunda, es que nunca te faltará con quien bailar u beber una copa, siempre habrá más de un moscardón tratando de “anotarse un poroto” con esta “chiquilla”.

Toda ésta introducción por una sencilla causa, el que usted lector, comprenda dónde aprendí la verdad suprema del refrán de mi abuelita.

Una de esas noches en que salimos a bailar, me quedé en su casa a pasar la noche... descubrí entonces dónde radicaba la belleza de mi tía, cuando al desvestirse comenzó a salir una suerte de artilugios femeninos, en cantidad tal que un mago sentiría envidia. Lo primero, se bajó de los zapatos, digo se bajó, por que creo que eran como de un piso de alto, ella era más baja que yo, quien lo hubiera pensado... Al sacarse la ropa, debo mencionar que era un trajecito bastante sobrio, femenino y a su vez provocador, descubrí que las nalgas de mi tía se quedaban pegadas a los calzones, los sujetadores hacían magia de una manera increíble, por que ella tenía tantos copa como yo a los 13 (lo que asemeja a nada) y su cintura... ¿han visto esas películas antiguas dónde las damas se agarraban de uno de los doseles y las nanas le amarraban a fuerza de pie un corpiño?, bien, la misma cosa, pero moderno, o sea, se lo ponía sola.

Para contarles más, les diré que descubrí también por que tardaba tanto en “arreglarse”, sacaba capa tras capa de pintura (eso no podía llamarse maquillaje), dejaba aun lado sus pestañas postizas, los lentes de contacto (sin ellos no se veía ni ella) y luego se ponía una crema para los ojos, otra para la frente y otra quien sabe para que, por que por el cansancio me quedé dormida.

A la mañana siguiente, descubrí que el brillo de su pelo era otorgado por una crema milagrosa que había en el baño, que usaba también uñas postizas y que, además, no tenía 35 años como decía, tenia algunos más, varios más... pobres tipos... En definitiva, no todo lo que brilla es oro, ni mi tía es tan joven como aparenta.


Mi Güeli me enseñó muchas cosas, pero lo mejor de todo, es que me dejaba aprender de la experiencia, ella soltaba un refrán como ese y me ponía a pensar. Siempre, en pocas letras, me daba las respuestas más sabias a las más extrañas preguntas.

No siempre podré contar historias relacionadas del todo con ella, pero todo lo que escriba, es parte importante de su sabiduría.

17 abril 2006

Las pantrucas de mi abuela

Miércoles, siempre en miércoles, miércoles por medio eso si, temprano se levantaba mi viejita a hacer sus dichosas pantrucas, me encantaban, he comido ese plato en distintos lugares, pero nunca fueron como las de mi “güeli”, tiene que haber sido el ingrediente secreto, cada plato tenía el suyo, curiosamente soy la única que tiene la mayoría de los “secretos”, no todos, ella era muy celosa de sus técnicas culinarias, pero me amaba tanto que me permitía entrar a su dominio y mirar, si, mirar, nunca me dejaba tomar algún utensilio, lavar algún traste o deshojar alguna verdura.
Era lindo verla picar la cebolla, la pelaba, la lavaba con prolijidad, la picaba sin llanto... las zanahorias, un lujo, las pelaba con tal delicadeza, que se podía ver a través de la cáscara, siempre ajo, nunca faltaba el ajo y el “ají e'color” y el ingrediente secreto que le daba el sazón.
Lo que más me gustaba, era verla hacer las pantrucas, ritualmente tomaba la harina, le agregaba la cantidad justa de agua tibia y sal... como por arte de magia, una masa blanca, flexible, que reposaba bajo un paño blanca partida en 5 trozos iguales mientras ella se lavaba las manos, limpiaba el mesón y agregaba el hueso al caldo “El apio niña, pásame el apio, que siempre se me olvida”, era la frase habitual al cocinar, a todo le ponía apio “para que no prenda” me decía.

Cuando ella cocinaba, la casa cambiaba de color, ella era una maga en la cocina, todo perfectamente medido (práctica que no aprendí), todo se llenaba de aromas, el romero, orégano y la albahaca, la canela y vainilla, sin duda el cilantro con el perejil, punto colorido de toda buena ensalada y “monte” de todo caldo o cazuela.
Estiraba la masa con la delicadeza del artista, delicadamente hacía que los blancos bollos de masa, se convirtieran el delgadas láminas que ponía a secar mientras cortaba la carne en regulares trozos, los volvía a poner al fuego y esperaba que lo que hervía en la olla estuviera a punto.

Con los vapores no peleaba, los rescataba, “por el olor se sabe cuando está listo” me decía, entonces se colgaba las largas tiras de masa ya seca, en el brazo izquierdo, que previamente cubría con el mismo paño que usó para tapar los bollos y entonces, una a una, arrojaba pequeños trozos de masa a la olla, uno a uno, sin parar mas que fuera para dar un "revoltón" a la cocido.
Cuando todos estaban dentro de la olla, ella la tapaba sólo hasta la mitad, dándole los minutos exactos, que contaba por olor, no por reloj, mientras en un plato con una cucharada de agua caliente, quebraba dos huevos y los revolvía “así no se cortan” decía ella, ella siempre hablaba a su comida, el olor anunciaba la caída del huevo, un minuto exacto, lo sabía por que era lo que tardaba en rezar un padrenuestro, era el tiempo restante de la preparación.
Con el tiempo, mi “güeli”, tuvo que alejarse de la cocina, la edad y miles de enfermedades en pasado y presente, no le permitían reinar, entonces en dolorosa renuncia, cedió el reino a mi madre.
Mi madre nunca pudo hacer la comida como “güeli”, por más que midiera, pesara, y tomara el tiempo igual que lo hiciera en otrora la antigua reina, no quedaba igual, faltaba ese ingrediente que tenía prohibido revelar.

A diferencia de mi “güeli”, mi má si me dejaba ayudar, así desarrollé mi gusto por los cuchillos, ollas y sartenes, poco a poco y con los años, má fue permitiéndome intervenir más en la cocina hasta que esporádicamente me permitía prepararla toda, eso ya bastante grande. Algo hay que dejar en claro, los dulces y postres eran mi territorio, mà y "güeli" nunca opinaro, mi otra abuela me heredó esa gracia de reinar en chocolates y azúcares.
Pasó mucho tiempo desde que mi “güeli” dejó de cocinar para volver a comer pantrucas en casa, mi madre no sabía prepararlas, y cuando compraba de esas que vienen listas en una bolsa, la huelga era general y nadie la comía de buena gana, para ahorrarse las molestias, simplemente no las preparaba, lo que para ella no era tan terrible, porque no le gustaban nada. Yo aprendí a hacerlas, siempre bajo las respuestas a mis miles de preguntas con las que interrumpía el descanso de “güelita”, quedaba bien, todos comían con agrado, pero no eran igual, nunca estaban igual, mi padre muy fanático de este plato, me alentaba, siempre una ovación, se repetía hasta tres veces el almuerzo, pero bien sabía yo, que no eran igual.

Yo extrañaba mucho ésta comida, especialmente cuando “gueli” se marchó, desde que ella ya no estaba, no habíamos comido pantrucas, dolía comer cualquier cosa que "güelita" cocinara mejor.
Una mañana, cosa extraña en mi, salí temprano de mi cama a comprar los ingredientes necesarios para las “Pantrucas”, necesitaba algo que me acercara a ella, lo que fuera, ya dormir en la que fuera su cama, oler su mañanita, mirar su última fotografía, no era suficiente.

Pensando en cada movimiento que ella realizara, bajo la mirada atenta de mi hijo mayor, pelé cuidadosamente zanahorias, ajos y cebollas, herví el agua y la carne, yo de medidas no entiendo, a si que por memoria puse harina en un cuenco (el mismo que usaba “güeli”), agua tibia, sal y el ingrediente secreto. “Esto es entre tu y yo” le advertí al pequeño que estoy más que segura que no sabía de que hablaba, dividí en 5 trozos la masa, no por que mi “güeli” lo hiciera, sólo que no me gustan los números par, y lo cubrí con un paño, mientras lavaba mis manos, limpiaba el mesón y agregaba el hueso al caldo “páseme el apio hijo que se me está olvidando” le dije a mi hijo y emocionada no pude evitar sonreír.
Tomé el uslero y estiré la masa con la misma calma que observé en ella y mientras picaba la carne en regulares trozos, puse a mi niño a desojar el cilantro y el perejil, este caldo no puede ir sin el “monte”.

Traté de cortar con los dedos la masa, tal como lo hacía mi abuela, pero eso no se me dio, era su don no el mío, no podía hacerlo, así que con a rapidez que pude, corté con un cuchillo en trozos regulares las láminas y las puse en un plato, de a una las fui tirando a la olla, una por una, deteniéndome sólo a revolver de vez en cuando. Al terminar tapé la olla y en un plato con una cucharada de agua hirviendo, quebré dos huevos y los batí “¿para qué le pusiste agua al plato?” pregunto mi hijo “para que no se corte”, le respondí, “¿qué es cortar?”, volvía a preguntar mi hijo “no sé, la güeli Elsa lo hacía, así tendrá que ser” le respondí, lo agregué revolviéndolo con el padrenuestro y apagué la olla.

Ese día almorzamos todos juntos, algo que hacía falta desde que mi “güeli” no estaba, mi hermano había regresado a casa así que otra vez estábamos todos en la mesa, cuando le puse el plato a mi padre el estaba muy contento y nos pusimos a comer, “están iguales a las de mi vieja”, dijo sorprendido, me causo gracia y lo contesté “gracias por el piropo”, nadie dijo más nada, comimos en silencio.
Ese miércoles, estuvimos todos a la mesa, incluso mi abuela, estoy segura que “güeli” Elsa, estaba ahí, servida en nuestros platos.
(Pedro, disfrútalo, te lo dedico, gracias por toda la ayuda)

11 abril 2006

Mi abuelita, la "Güeli" Elsa

Si bien mi abuela era una mujer sencilla, siempre reconocí en ella una sabiduría que no podré alcanzar en ningún centro educacional.

Es curioso, puesto que ella sólo llegó a cuarto básico o de primaria y desde entonces, trabajó con su madre o sus tías.

Tenía esa sabiduría empírica, representante digna de la cultura popular, todo lo mejoraba con un “agüita” o todo lo aconsejaba con algún refrán popular... es que así era ella, una anciana moderna con sabiduría de pampinos y gente de campo, todo mezclado.

De ella rescataré en líneas sencillas, historias, anécdotas, refranes y todo lo que valla recordando de ella.

La disfruté muchos años, pero ahora que ella ya no está, tengo en el alma la necesidad de compartir todo lo aprendido de ella, por el bien de todos, especialmente el de mi memoria, frágil archivo.

Desde hoy, cada vez que se pueda, los haré partícipes de mis recuerdos.